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Pushinka: El perro “comunista” de Kennedy

Tal día como ayer 50 años atrás, un 20 de junio de 1961 llegaba un regalo a la Casa Blanca procedente del premier soviético Nikita Khrushchev. Se trataba de un perro hembra mestizo de nombre “Pushinka”.
El líder ruso pensó que podía ser una buena idea regalar esta perrita a la hija de los Kennedy como símbolo de amistad y paz. Y aunque nadie puede negar el buen gesto, sólo un año y medio después, éste se vería enturbiado muy seriamente por la Crisis de los misiles en Cuba.

Pushinka el día de su llegada a la Casa Blanca (20 de junio de 1961)

 

Pushinka no era una perra cualquiera. Pese a no ser de raza pura, era hija de una de las dos primeras perras que viajaron al espacio y que volvieron con vida. A diferencia de la famosa Laika (que murió a las 5 o 7 horas después del lanzamiento), la madre de Pushinka ( llamada Strelka) volvió a la tierra con vida, y meses más tarde quedó embarazada de Pushok, otro perro que participó en diversos experimentos espaciales rusos, nunca sin abandonar la Tierra.

Pushinka, que significa “velludo” en español, pronto se adaptó a la vida de la Casa Blanca, no sin antes pasar algunos controles de seguridad para chequear que no tenía ningún dispositivo espía. Las reticencias a ese gesto de buena voluntad del líder soviético eran lógicas en plena Guerra Fría, y hubo que asegurarse que la URSS no estaba infiltrando una versión moderna del Caballo de Troya en la residencia del presidente norteamericano. Así que la perra pasó los controles pertinentes y Kennedy ordenó que Pushinka viviera con normalidad en la Casa Blanca junto a su perro Charlie, el terrier galés de la familia.

Charlie y Pushinka, en una foto tomada el 22 de junio de 1961 en la Casa Blanca

Ajenos a la Guerra Fría, la perra soviética sin pedigrí y el terrier galés de raza pura siguieron siendo protagonistas de una curiosa y bonita historia. Tal fue el grado de integración de Pushinka en América y su “amistad” con Charlie, que ésta dio a luz a cuatro cachorros a los que el mismo Kennedy apodó como “pupniks” (combinando el término inglés “puppies” para cachorros, con la terminación propia de los satélites soviéticos de la época).

De todas formas, y pese a la normalidad que adquirió la presencia de la perra soviética en la Casa Blanca, durante la Crisis de los misiles, en uno de los días más difíciles y estresantes de la presidencia de JFK -y según cuenta el cuidador de los perros de la residencia presidencial de la época- éste ordenó traer sólo a su terrier galés Charlie al mismo despacho oval.
Después de acariciarlo durante varios minutos Kennedy consiguió relajarse, devolvió a Charlie al cuidador, y de forma calmada dijo: “supongo que es hora de tomar algunas decisiones”. Y sí, algunas decisiones debió tomar aquel día. Es difícil pensar que el presidente pudiera haber encontrado la tranquilidad y la serenidad necesarias en ese momento acariciando a una perra de nombre impronunciable procedente del mismo Nikita Khrushchev.

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