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Un Obama combativo establece la agenda (o al menos lo intenta)


No es fácil: con tanto ruido informativo alrededor de las primarias republicanas, publicacion de encuestas que enfrentan al presidente norteamericano con distintos posibles candidatos conservadores, el inicio de la temporada de fútbol americano, y ahora una amenaza terrorista vinculada al décimo aniversario del 11-S… Obama se ha planteado el reto de establecer de nuevo una agenda informativa que favorezca a sus intereses y que marque el enfoque de la campaña de reelección.

De hecho, el presidente de Estados Unidos pidió una sesión conjunta de las dos Cámaras del Congreso para el mismo día en que se celebraba el debate televisado entre todos los candidatos republicanos a competir contra él por la presidencia. Estaba claro: había que mitigar el efecto que está teniendo tanta presencia de los candidatos del GOP en los medios sobre la opinión pública norteamericana.
Obama se encuentra en un momento difícil de su presidencia. Si bien hace pocos meses tenía uno de los índices de aprobación más altos de su presidencia, ahora este índice toca mínimos con un 42%. A 14 meses de las elecciones sólo hay un 20% de los americanos que respalda su gestión económica, el desempleo no baja al ritmo deseado, y algunos expertos empiezan a hablar de una posible recesión de la economía.

Ante ese panorama, la iniciativa del presidente de presentar un paquete de medidas de estímulo de empleo es una buena forma de contrarrestar informaciones negativas y demostrar que se esfuerza por que la economía mejore y se generen puestos de trabajo.

En el discurso de anoche Obama se mostró claro y directo, dejó entrever a los republicanos (que apenas aplaudieron o se levantaron) que es mejor para todos que colaboren a pasar estas medidas. A veces, casi sonó a amenaza: “You should pass it right away” (Vosotros deberías aprobarlo cuanto antes) y advirtió que va a llevar este mensaje a todos los rincones del país.

Así la estrategia es clara: la pelota está en el tejado del GOP. Si bloquean (como ya hicieron con el límite del techo de la deuda) se les podrá acusar de perder el tiempo y de no trabajar junto con los demócratas por la economía, mientras que Obama saldrá reforzado en el issue más importante de la campaña, la economía. “La gente no tiene el lujo de esperar 14 meses” ha advertido el presidente a los republicanos. Con esto Obama no sólo marca la agenda, sino que inicia la estrategia que marcará la campaña presidencial. Si lo consigue o no lo veremos en las próximas semanas.

Recomiendo: post muy interesante (casi simultáneo a este) sobre el mismo tema, por Alana Moceri.

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Pushinka: El perro “comunista” de Kennedy

Tal día como ayer 50 años atrás, un 20 de junio de 1961 llegaba un regalo a la Casa Blanca procedente del premier soviético Nikita Khrushchev. Se trataba de un perro hembra mestizo de nombre “Pushinka”.
El líder ruso pensó que podía ser una buena idea regalar esta perrita a la hija de los Kennedy como símbolo de amistad y paz. Y aunque nadie puede negar el buen gesto, sólo un año y medio después, éste se vería enturbiado muy seriamente por la Crisis de los misiles en Cuba.

Pushinka el día de su llegada a la Casa Blanca (20 de junio de 1961)

 

Pushinka no era una perra cualquiera. Pese a no ser de raza pura, era hija de una de las dos primeras perras que viajaron al espacio y que volvieron con vida. A diferencia de la famosa Laika (que murió a las 5 o 7 horas después del lanzamiento), la madre de Pushinka ( llamada Strelka) volvió a la tierra con vida, y meses más tarde quedó embarazada de Pushok, otro perro que participó en diversos experimentos espaciales rusos, nunca sin abandonar la Tierra.

Pushinka, que significa “velludo” en español, pronto se adaptó a la vida de la Casa Blanca, no sin antes pasar algunos controles de seguridad para chequear que no tenía ningún dispositivo espía. Las reticencias a ese gesto de buena voluntad del líder soviético eran lógicas en plena Guerra Fría, y hubo que asegurarse que la URSS no estaba infiltrando una versión moderna del Caballo de Troya en la residencia del presidente norteamericano. Así que la perra pasó los controles pertinentes y Kennedy ordenó que Pushinka viviera con normalidad en la Casa Blanca junto a su perro Charlie, el terrier galés de la familia.

Charlie y Pushinka, en una foto tomada el 22 de junio de 1961 en la Casa Blanca

Ajenos a la Guerra Fría, la perra soviética sin pedigrí y el terrier galés de raza pura siguieron siendo protagonistas de una curiosa y bonita historia. Tal fue el grado de integración de Pushinka en América y su “amistad” con Charlie, que ésta dio a luz a cuatro cachorros a los que el mismo Kennedy apodó como “pupniks” (combinando el término inglés “puppies” para cachorros, con la terminación propia de los satélites soviéticos de la época).

De todas formas, y pese a la normalidad que adquirió la presencia de la perra soviética en la Casa Blanca, durante la Crisis de los misiles, en uno de los días más difíciles y estresantes de la presidencia de JFK -y según cuenta el cuidador de los perros de la residencia presidencial de la época- éste ordenó traer sólo a su terrier galés Charlie al mismo despacho oval.
Después de acariciarlo durante varios minutos Kennedy consiguió relajarse, devolvió a Charlie al cuidador, y de forma calmada dijo: “supongo que es hora de tomar algunas decisiones”. Y sí, algunas decisiones debió tomar aquel día. Es difícil pensar que el presidente pudiera haber encontrado la tranquilidad y la serenidad necesarias en ese momento acariciando a una perra de nombre impronunciable procedente del mismo Nikita Khrushchev.

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Obama no fue el primer candidato 2.0

Vale, es cierto. La campaña de Obama fue un éxito y supuso una revolución en la comunicación política en Internet. Ya cansa leerlo, e incluso más escribirlo. Pero investigando acerca de los precursores en el uso de la Red en política para el proyecto final de Master, uno se encuentra con historias curiosas. Entre otras… que el presidente de EE.UU. no fue el primer candidato 2.0, y que su campaña aprendió de otras muchas que fueron pioneras, y de las que se extrajeron múltiples lecciones.

En este aspecto es muy conocida la campaña en Internet de Howard Dean en 2004 (relatada de forma muy amena en el libro “Revolution will not be televised” del maestro de la campaña del candidato demócrata, Joe Trippi). O los esfuerzos de John McCain en la Red para ganar la candidatura a presidente en el año 2000 por el Partido Republicano. Incluso se habla de Ségolène Royal como precursora de las redes sociales.

Sin embargo no fue un candidato con tanto ‘glamour’ uno de los grandes innovadores del uso de Internet en campañas. Esta vez no se trata de un político de renombre con una gran trayectoria (como Ted Kennedy, primer político con web como vimos en el post anterior), o una contienda electoral tan importante como unas presidenciales.

En 1998 es un ‘outsider’ de la política, el ex-luchador Jesse Ventura el que sorprende con el uso que le dio a las nuevas tecnologías para articular su campaña a gobernador de Minnesota.

Su gran herramienta fue, entre otras, su lista de correo electrónico en la que se registraron miles de voluntarios. El propio candidato del Partido Reformista la describía como “una forma de llegar a mucha gente a un precio bajo”, y cierto es que los números demuestran que estaba en lo cierto: Ventura fue elegido gobernador de Minnesota habiendo gastado 500.000 dólares, mientras que sus contrincantes del Partido Republicano y Demócrata invirtieron 2,5 millones cada uno.

La campaña de Jesse Ventura se marcó como objetivos movilizar y reclutar voluntarios, recolectar dinero y atraer votantes, todo eso a través de su web. Parecen objetivos normales en unas elecciones estadounidenses estándar, pero recordemos que hablamos de 1998.
Para ello, pusieron en su página un formulario a través del cual los usuarios se podían registrar. La llamada a la acción para captar registros fue un simple mensaje, “Únete a la red de Jesse –JesseNet en inglés- para estar en la onda y recibir actualizaciones ocasionales por e-mail de la campaña”. De esta forma, la JesseNet consiguió 3.000 direcciones únicas de e-mail antes del día de la elección que sirvió a la campaña para captar alrededor de una tercera parte de los fondos que se recaudaron provenientes de donaciones privadas, y contar con una red de 250 voluntarios de todo el estado que resultaron cruciales para organizar actos de campaña.

Dos semanas antes de las elecciones, la campaña organizó una caravana electoral que recorrería distintas localidades del estado de Minnesota. Ésta se organizó por medio del correo electrónico con voluntarios que se aseguraron de contactar con otras personas para que los encuentros con los votantes fueran numerosos. La web también jugó un papel crucial en la organización de esta caravana, puesto que servía para seguir el paso de ésta y consultar las fotografías de los distintos actos en cada localidad. De esta forma se podía seguir casi a tiempo real la situación de la caravana y la programación para el resto del día. Los voluntarios de cada población consultaban la página para poder tener todo listo para cuando la comitiva llegara a su localidad.

Al mismo tiempo la prensa también se benefició de esta herramienta y cubrió durante tres días seguidos la caravana, a la que se llamó Jesse’s Drive to Victory.

No podemos decir que Jesse Ventura ganara las elecciones gracias a Internet, pero aunque se tratara de un personaje conocido sí se puede asegurar que sin Internet, este ex-luchador con un presupuesto tan limitado nunca podría haber ganado.

Esta campaña fue ejemplo de cómo la Red puede ayudar a articular un entramado de voluntarios dispuestos a colaborar en la campaña y de recaudar fondos para ella… ¿Suena familiar, no? Al final, Plouffe, Axelrod, Gibbs y compañía -ahora convertidos en auténticas celebrities en el campo de la comunicación política- sabían lo que se hacían.

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Las primeras páginas Web políticas

Es difícil poner una fecha concreta al nacimiento de Internet como medio de comunicación política. Así como hay un consenso más o menos claro acerca del momento exacto en que la televisión empezó a ser relevante en las campañas políticas (el primer debate electoral televisado entre Kennedy y Nixon, en 1960) no podemos hablar de una campaña concreta que marcase el inicio de Internet como medio importante para la política. En cambio, sí podemos señalar fechas importantes en este camino que nos lleva desde las primeras páginas web, pasando por los primeros correos electrónicos electorales o el nacimiento de los blogs políticos, hasta el culmen en la campaña presidencial de Estados Unidos en 2008.

Se puede decir que 1993 y 1994 marcan hitos importantes como fechas en las que se ponen las primeras piedras en la comunicación política online. Pero si a alguien hay que atribuirle el mérito de construir la primera página web política, este es el senador norteamericano Ted Kennedy. La imagen que encontramos abajo resultará curiosa y seguramente ahora nos parezca de la época del pleistoceno… aunque no hayan pasado tantos años.


Resulta interesante conocer el porqué y el cómo de la creación de esta web, puesto que fue el administrador de sistemas de la oficina del senador el que propuso la idea al veterano político. Según cuenta el blog de “Sunlight Foundation”, una organización independiente que aboga por el uso de Internet como una herramienta para la transparencia política, Ted Kennedy demostró reconocer el potencial Internet cuando autorizó a su personal a desarrollar su web diciendo literamente que “si servía para llegar al electorado usando redes informáticas, ya podían empezar con ello”.

En 1994 la Casa Blanca inauguró su web, todavía visitable y navegable hoy en día (puedes hacerlo pinchando aquí). Esto es gracias a la William J. Clinton Presidential Library & Museum, que pone a disposición de todo el mundo las primeras versiones de dicha página en su web.

También ese año otros candidatos para el Congreso norteamericano siguieron el ejemplo de Ted Kennedy lanzando sus propias páginas sin ningún tipo de posibilidad de personalización ni interacción posible, características que llegarían más tarde, concretamente en las presidenciales d 1996.
Ese año la página que introduce más novedades y que resulta más interesante para el análisis es la de la candidatura presidencial Dole/Kemp, ya que se trató de la primera página web política que se personalizaba según los intereses del usuario, su procedencia geográfica y la última visita. De esta forma, la web mostraba los temas en que el usuario había mostrado interés en anteriores visitas y facilitaba links sobre los asuntos referentes al estado desde el que se visitaba la página. Por otra parte, se introducía una herramienta que posibilitaba la interacción con los visitantes dejando que éstos pudieran comunicar cuales creían que debían ser las prioridades de la posible futura administración Dole.


Otros aspectos novedosos de esta web fueron las herramientas para que los usuarios se convirtieran en activistas de campaña, dándoles la oportunidad de poder diseñar y enviar postales electrónicas a sus contactos. Al mismo tiempo se podía seguir el recorrido de campaña del candidato con mapas interactivos.Por último, y con la intención de entretener y divertir a los visitantes, se lanzó una sección de juegos, con crucigramas y juegos de pregunta/respuesta.

Curioso que estemos hablando de la “historia” de las primeras páginas Web políticas cuando sólo hace 17 años de su nacimiento. Hoy en día mucho ha cambiado: las posibilidades de interacción con el usuario se han ampliado infinitamente, se puede pedir información, recopilar datos muy útiles de los votantes, conectar con redes sociales, insertar vídeos, etc… Aunque esa historia la dejaremos para otros posts.

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La importancia de la religión en la presidencia norteamericana

Nos sorprenden los medios norteamericanos sacando fotos de la primera familia estadounidense acudiendo juntos a misa el pasado domingo 19 de septiembre. En principio no deja de ser una estampa bastante típica de familia americana y el hecho en sí sería poco noticiable, pero es importante entender el contexto actual, social e histórico reciente en el que se produce.

Recordemos que hace pocas semanas se publicaron varias encuestas sorprendentes donde se indicaba que aproximadamente el 20% de los ciudadanos estadounidenses creían que su presidente era musulmán. Estos datos salían a la luz al mismo tiempo que la polémica de la mal-conocida como “Mezquita de la Zona Cero” alcanzaba una cobertura mediática exagerada.

Pese a los esfuerzos del staff de la Casa Blanca en justificar la cristiandad del presidente, no queda duda que una vez pasada la tempestad acerca de su práctica religiosa, Obama ha querido salir al paso no sólo con palabras, sino también dejándose ver en familia entrando y saliendo a una misa en una iglesia episcopaliana cerca de la Casa Blanca.

Se trata de un movimiento muy bien pensado por parte de los asesores de Obama y que nos recuerda una vez más que la religión es un asunto muy importante en la vida de los americanos.
Dios (cualquiera que éste sea) se encuentra presente en muchos ámbitos de la vida de los estadounidenses y un ateo es sin duda un bicho raro, e incluso algunos podrían atreverse a decir que es un mal americano (¿Alguien conoce a algún candidato no creyente en este país?).

La omnipresencia de la religión la observamos fijándonos en muchos ritos y símbolos oficiales de los Estados Unidos. De sobra es conocida la inscripción “In God we trust” (en Dios confiamos) en el famoso billete verde  junto a una pirámide de 13 escalones representando las trece colonias que se independizaron del Reino Unido. Y en lo alto de dicha pirámide veremos el Ojo de la Providencia, ojo de Dios que vigila a la humanidad entera y que fue incluido en el billete estadounidense ya en 1782.

Billete de dólar

Pero Dios no sólo está en los bolsillos y en las carteras de los norteamericanos. Todos los días, religiosamente (valga la redundancia) todos los niños de las escuelas públicas estadounidenses recitan juntos, en alto y a la vez, el “Pledge of Alligiance” (Juramento de Lealtad), que después de los últimos cambios de 1954 reza así:

“I pledge allegiance to the flag of the United States of America, and to the republic for which it stands, one nation under God, indivisible, with liberty and justice for all.”

En esta oda, los niños americanos juran literalmente lealtad a la bandera de su país y a la república que representa, una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos.

Y claro, si los niños mencionan a Dios a diario, el presidente de la nación no va a escaparse de ello. No digo que Bush en su día o Obama en la actualidad pronuncie el “Pledge of Allegiance” a diario, pero raro es el discurso donde el commander in chief no haga mención a la figura divina. Por poner algún ejemplo, según David Domke y Kevin Coe, autores del libro “The God Strategy” , Ronald Reagan finalizó el 90% de sus discursos más importantes pidiendo orientación divina. Con el mismo porcentaje lo hizo George H. W. Bush, y a su vez Bill Clinton y George W. Bush con un 89% y 84% respectivamente.

Así que ya le vale a Obama mostrar su faceta religiosa (y cristiana, por supuesto) si quiere que la religión no se convierta en un issue más de la campaña permanente en la que vive. El Tea Party viene con fuerza por detrás y no le deberían pillar con los deberes religiosos sin hacer.

God bless you, and God bless the United States of America.

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La vigencia de los think tanks (en Estados Unidos)


En la actualidad la realidad política es muy cambiante y los políticos se encuentran con realidades que les sorprenden constantemente. En los últimos años podemos encontrar una buena cantidad de acontecimientos que han obligado a los políticos a conocer más sobre algunos asuntos: nuevas amenazas para la seguridad nacional (atentados del 11-S, 11-M y 7-J), brotes de epidemias (mal de las “vacas locas”, gripe A…), descubrimientos científicos y avances tecnológicos, crisis económicas, etc.

En este sentido, y desde hace muchos años, los think tanks se han ido haciendo poco a poco más imprescindibles en el juego político, aportando conocimiento y creando opinión acerca de estos y otros asuntos de la agenda pública.

Como suele ocurrir en tantas ocasiones, es en Estados Unidos donde éstos gozan de mayor relevancia. Comentar que el propio sistema de partidos en este país, la legislación vigente y su historia son un marco de fondo apropiado para la existencia y aumento de los think tanks en ese país.

El propio sistema gubernamental de Estados Unidos propicia la existencia de estos organismos. En primer lugar, porque se da el caso que en muchas ocasiones Congreso y presidencia están controlados por partidos diferentes, fomentando con ello la multiplicidad de analistas. A parte, a diferencia de otros países como España, la Cámara de Representantes y el Senado actúan independientemente. Y por último, recordar que en Estados Unidos no existe lo que en España llamamos “disciplina de partido”, es decir, cada representante en las cámaras vota en una dirección u otra según sus posturas políticas, respondiendo no ante el conjunto de electores de todo el país, sino del electorado del estado que lo eligió.

Otro motivo es el hecho que los partidos políticos en Estados Unidos no hayan agrupado intereses, es decir, no han tomado determinados asuntos como propios a diferencia de lo que ocurre en Europa, donde sabemos casi con certeza qué opina quién respecto a un tema concreto, e incluso contamos con partidos que se forman bajo un sólo interés principal (ecologistas, regionalistas, pro-legalización del cannabis, antitaurinos, piratas, etc.).

Una razón que ya apuntábamos al inicio es el hecho del surgimiento de problemas cada vez más complejos para una clase política sin conocimientos técnicos. Muchos de estos problemas están relacionados y despiertan la necesidad de especialistas que puedan ayudar a analizar una realidad compleja sobre la que el político no tiene preparación.

Por otra parte, no hay que olvidar la escasa diferenciación ideológica entre los dos principales partidos americanos. Pese a la reciente entrada en la escena política del radical Tea Party, en general demócratas y republicanos tienen pocas diferencias, y por tanto nos encontramos ante meras instituciones electorales que comparten una gran parte de valores comunes.

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